Una de las pocas cosas que me gustan de la fiesta cervantina en Alcalá es el mercado. No el medieval, que lleva sólo unos pocos años y es un coñazo además de un timo financiero con sus tienditas de velas y de espejitos. Que vendan armaduras y yelmos como los onvres de verdad, coño. Claro que supongo que será más rentable vender empanada hecha en algún lugar de venta al por mayor como si fuera casera... tres euros por un miserable trocito (que no porción) de empanada de lomo y queso, que era casi toda masa. Porque Ki me lo dijo algo después de comprarla, que si no, en el momento de la venta me hubiera puesto a gritar DEVUÉLVELE A  MI KI AHORA MISMO SU CÓRNEA, HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA allí delante de todos los clientes potenciales.

No. A mí me gusta el mercado más tradicional y menos concurrido, ese que existe durante la semana cervantina desde que tengo uso de razón y, probablemente, desde antes. Ese que estaba en Plaza de Cervantes cuando era niña, y que acabaron moviendo a Santos Niños con motivo del mercado medieval.

Me refiero, por supuesto, al mercado de libros antiguos y de ocasión. Todos los años pico y compro algo. Pero oiga, es que conseguir una copia en condiciones más que aceptables de, por ejemplo, El lobo estepario, por 2 euros, pues como que compensa los apretujones. Tampoco muchos, en realidad... se ve que los españoles no somos mucho de comprar libros. Para mí que los que visitamos los puestos somos los mismos año tras año.

Hoy hemos ido Ki, Muzaraque y yo. Ki se ha comprado un volumen de cuentos de Michael Moorcock y yo, además de El lobo estepario, me he comprado otro titulado Un plan sencillo, que leí hace mucho tiempo, y que me gustó por su simplicidad sanguinaria. Creo que han hecho una película de él y todo. Muza, por su parte, no se ha comprado nada.

El caso es que después de la compra hemos ido a una cafetería cercana a tomar un café y charlar un rato. Y en qué hora, porque nos hemos ido a sentar al lado de un grupo que... bueno, que gritaba más que hablaba. Ki decía que era porque tenían buenos pulmones. Yo he contestado, con mi simpatía habitual, que en realidad era porque, como estaban huecos por dentro, lo que pasa es que resuenan.

...pues luego fuimos a París y o sea, todo así como superprecioso, pero eso sí, que como que te tenías que pegar con los turistas chinos para ver las cosas, jo...

Huecos sobre todo en la cabeza, ha añadido Muza.

...y luego en el museo todo el mundo a ver a la Mona Lisa que no se podía ni ver de la gente, oye, y eso, que ahí a codazos hasta que llegas y de repente ves el cuadro y oye, que no sé qué le ven, porque es así como superpequeño ¿verdad? Que no es gran cosa, es ahí una cosa canija de nada que ni se ve...

Efectivamente. Huecos.

En el transcurso de la conversación se ha colado una mujer gitana que ha intentado venderme una rama de romero. Bueno, a mí y a todas las mujeres de la terraza, incluyendo a las dos pijas del grupo de al lado. Eso me ha recordado a la vez, hace no mucho, que otra gitana, esta joven, me regaló directamente una rama de romero para que me diera suerte. Sin pedirme nada a cambio.

Dice Ki que esa historia es como para llevarla a Cuarto Milenio. Y Muza está de acuerdo. Pero no sé, yo creo que no es para tanto. Quiero decir, si me hubiera regalado el ramo entero de romero, todavía. Pero una ramita de nada...